Angie Torres, la periodista que nunca dejó de sonreír

Cuando suceden hechos trágicos que vacían el mundo de personas importantes para nosotros, solo quedan sus recuerdos vivos en cada una de nuestras mentes; aún más, cuando se trata de jóvenes que lograron dejar una huella importante en los lugares donde vivieron, estudiaron, trabajaron y hasta visitaron. Jóvenes cuyas vidas se han apagado y – como mi amiga y colega Angie Torres – se fueron llenos de sueños, con ganas de comerse el mundo, con muchas historias que contar y con pasos por recorrer; pero que ahora disfrutan de una morada eterna, donde en un futuro lejano para unos y cercano para otros, el destino permitirá reencontrarnos.

Las miles de lágrimas que cada familiar, amigo, conocido y colega han derramado por Angie, no se comparan con las miles de virtudes que ella demostraba todos los días. Pero así es la manifestación del duelo, algo indescriptible que pasa por nuestros sentidos y llega a nuestros corazones; un vacío que solo Dios y el tiempo pueden curar.

Todos los que compartimos con ella, la recordaremos siempre como una persona alegre, extrovertida y, sobre todo, muy talentosa, pues tenía una voz única que supo explotar en la radio. Justamente, en ese escenario nos conocimos y compartimos por más de un año y medio, haciendo programas, producciones, y ejerciendo lo que nos apasiona: el periodismo.

Angie cumplió su sueño de graduarse como comunicadora social – periodista en Uniminuto Soacha, algo por lo cual luchó y le costó bastante, como a la mayoría de nosotros. Luego de hacer sus prácticas en Uniminuto Radio Soacha (donde fui su mentor) y después de obtener su título profesional, ‘la flaca’, como algunos le decían con cariño, trabajó en Periodismo Público y Radio Rumbo, medios de comunicación locales.

Las palabras aquí quedan cortas, pero sé que se podrían llenar muchas páginas con todas las anécdotas que mis compañeros y yo vivimos con ella; historias que nos contamos a carcajadas, alegres, como Angie siempre nos quería ver, hasta el punto de levantarnos el ánimo cuando pasábamos por malos momentos, a veces cantando o subiéndole el volumen a su celular con su música favorita: la salsa.

Seguramente, en este paraíso donde su alma ha llegado, podrá encontrar muchos gatos y flores, los seres vivos que más amaba después de su familia, o bueno, así nos lo manifestó en varias oportunidades. Esos mismos, de distintos colores y aromas, son los que ahora sacarán su sonrisa característica. Por ahora, seguiremos hablando de ella, y muchos continuaremos con ese dolor que acongoja nuestras vidas, pero el único favor que quiero pedirles es que no la olvidemos NUNCA. ¡Buen viaje, colega!

Por: Felipe Fula, director de Soacha Iniciativa Ciudadana.

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